jueves, 1 de febrero de 2007

JULIO

Cuando me lo presentaron no pasaba de ser un chico con un acento francés muy chistoso, cuando estaba con amigos imitaba su singular hablar, con el tiempo formamos un grupito de chavos y chavas incluyéndolo a el, íbamos y veníamos por toda la colonia, salíamos a fiestas, antros y tocadas, fue una época bonita de mucho compañerismo y salidas.
Julio se hizo “novio” de Luissiana, una chica de cabello rizado y brilloso, aunque era muy notoria la distancia (emocional) que había entre ambos, pocas veces los vimos juntos y nadie por su propia cuenta afirmaría que en ellos dos había una pareja; como era de suponerse el comenzó a interesarse por otra chica, la visitaba frecuentemente, como todo un caballero tocaba a la puerta de su casa, saludando amablemente preguntaba por ella, lo recibían bien en aquella casa (como no si era estudiante de medicina en una muy “prestigiada” universidad y tenía un prominente futuro), se desvivía en atenciones con aquella damisela, siempre al pendiente de ella en todo sentido, el primer regalo que le dio fue un hermoso libro, de esos de superación personal que te ayudan a verle un mejor panorama a esta vida, las visitas diarias continuaron, hasta que se olvidó de Luissiana que para entonces ya llamaba traidora a aquella que le había quitado la atención de aquel cotizado muchachito. Llegó el día en que muy formalmente le pidió a la damisela que le había robado el corazón que fueran novios; el para ella no representaba mas que la aceptación de su familia, era el chico que le convenía, que la trataba bien y era un muy buen amigo, paciente y comprensivo, amable y cariñoso …. Pero a parte de eso un buen partido, alguien que parecería le daría lo que ella nunca tuvo: AMOR y estabilidad. Mas por convicción que por amor aceptó ser su novia, ella jamás podrá negar que disfrutaba su companía, pero aun había algo que en su corazón no cuadraba, eso era que no estaba enamorada. En un momento de valentía se atrevió a encarar sus sentimientos y los reconoció ante el, le dijo la verdad… que no lo amaba. El en vez de comprenderlo y retirarse, comenzó a chantajearla, la buscaba llorando e iba a su casa en horas que sabía ella no estaba, lo recibían con nostalgia, como era posible que esa malagradecida chamaca lo dejara siendo el tan bueno; el se iba antes de que ella regresara, ya estando la damisela en casa era blanco de muchos reproches y acusaciones, “porque dejó a ese tan noble muchacho, si ella ni siquiera lo merecía, pero el aun así la amaba”, hasta le corrieron a un incauto que trató de cortejarla. Ella no pudo con esa loza de culpabilidad en el alma, por lo que hizo lo que era correcto, hacer caso a toda su familia, incluida la abuela, tíos, tías y primos: regresar con el encantador caballero. Bien sabía que nunca hacía nada bien y que lo mejor para ella era estar con un hombre que la hiciera feliz, aunque en ese momento no lo amaba estaba segura que algún día llegaría a hacerlo, así que cerró los ojos y le dio la mano al destino. En navidad llego al hospital en donde trabajaba Julio, el estaba de guardia, la vio y se le iluminó el rostro, solo corrió a abrazarla y ella le dijo que lo había extrañado, así iniciaron nuevamente su noviazgo. Cuando ya tenían dos años de novios quedó embarazada, a el no se le vía muy buen temple, ¿y ahora que iba a hacer? Sus padres siempre le dieron lo mejor, como les iba a explicar que ya había salido con su chistecito, además ya le tenían elegida a una chica de su misma profesión y de muy buena condición social para una relación formal. Alejandra ya tenía presentimientos, de esos que nadie ve pero las mujeres bien nos damos cuenta, “este ya anda de cabrón”. No veía ni pa’tras ni pa delante, así que decidida habló con Julio y le dijo lo feliz que se sentía por ese bebé, que estaba muy segura de lo que quería y que lo mejor sería no estar juntos, el no lo tomó muy bien y le reprochó esa falta de interés para con el, ella simplemente dijo la verdad, que no estaba convencida de querer casarse y que si las cosas seguían así, era mejor separarse, pues don Julio solo se hizo el digno, y simple y sencillamente la abandonó a su suerte con tres meses de embarazo y con los planes de una boda que jamás se efectuó…

8 comentarios:

Litio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Litio dijo...

Sorry pero esta mendiga maquina me anda haciendo tonterias. En fin lo que queria comentar es que ya me quede picado con la historia. Es increible como a veces hacemos tonterias por hacerle caso a los demás, cuando hay algo dentro de nosotro que nos esta diciendo : "no lo hagas". Saluds

Samaj dijo...

Felicidades porque al final, corregiste y afrontaste tus responsabilidades. Eres toda una mujer!

chochos35 dijo...

Lo narraste en tercera persona
???
Me perdi =S

Te felicito por tu historia, super bien.

Saludos

=)

alejandra dijo...

Litio: Me tarde mucho en comprender que a quien siempre debes escuchar es a ti mismo.

Samaj: Gracias por tus palabras, lo mas valioso de esos momento fue el cambio que provocó en mi.

Chochos35: Espero no haberte enredado mucho. Ya te tardaste en escribir.

Continuaré escribiendo acerca de esa etapa de mi vida, la historia aun no acaba.

Saluditos!!!

Mafalda DF dijo...

Como me dijo Samaj:
"primero yo, luego yo y al final yo" porque sino, pagamos caro las consecuencias de pensar en alguien mas antes que en nosotros.

Que bueno que evitaste esa boda que pudo haber sido un infierno.

Saludos!!!

Lizette dijo...

Hayyyyyy que cosas, y que irresponsable de Julio... esos hombres como me dan rabia, con ganas de darles una buena madrina!!

Pero bueno... esperaré la continuación.

Vicky dijo...

Méndigo maldito, es médico y no puede pagar las colegiaturas???

Fíjate que me pasó algo similar aunque en mi caso el chico sí quería casarse, pero ahí fue cuando yo me escuché, me sentí contenta por mi situación y sin titubear decidí mi destino: ser madre soltera.

Es difícil, pero vale la pena.